martes

Elegimos el ejemplar más exótico, nos enamoramos de su libertad y empezamos a construirle una jaula.


Necesito a un clon que me venga a visitar de vez en cuando, bebamos ron y terminemos vomitándonos, no por arte del alcohol y su indigestión, sino que de nuestra sola presencia y ese impulso de querer asesinar y no poder. No poder por el temor a suicidarse.

Si viniera del futuro me vomitaría al verme, ¿acaso no es eso mejorar todo el tiempo?.


Cama/León
(Primera Parte)

Me quedé helado contemplándola, como él introducía su lengua entre sus labios,como de vez en cuando subía la vista para asegurarse que hacía un buen trabajo, ella gemía cerrando los ojos en dirección al techo. Su falda larga y blanca derramada sobre el escritorio, sujetaba su espalda y su cuello con los brazos hacía atrás y las muñecas torcidas. El hedor de su vagina no le causaba asco, estaba borracho y su lengua adormecida. Continuaba devorándola, alimentándose de su sexo y ella encendía un cigarrillo. Al hechar el humo notó mi presencia en el marco de la puerta, ni siquiera hizo una mueca de asombro, siguió con lo suyo, incluso más extasiada, tomándole el pelo y mirándome constantemente, mordiéndose los labios. Nunca le dije que la amaba, ella sí.
Nunca pensé en involucrarla en mi vida, ella sí. Nunca la necesité, ella sí. Nunca sentí su ausencia, ella sí. Pero en ese momento me di cuenta que nunca me había preguntado si aquella criatura dio más de lo que correspondía y yo lo tomé completo sin darle propina, ni siquiera las gracias, y ahora esa angustia fantasmal que me incomodaba últimamente se encarnaba en ella. Ella, que me miraba triunfante y agitada desde las alturas con un gorila juguetando entre sus piernas. Las puntas de mis párpados cayeron, la vista se me humedeció y mi boca se movia en señal de un te amo silencioso. Acerqué la silla más próxima, el ruido descolgó de su trance al hombre lamedor, me miró con los ojos desorbitados, se rió y continuó con su trabajo. Me saqué el abrigo y lo colgué en la cabecera, me senté y encendí un cigarrillo. Cambié de expresión, noté que no me sentía así desde que lloraba cuando papá quebraba los vasos de la furia durante los almuerzos domingueros y recordé haber jurado en ese tiempo que no volvería a cometer ese tipo de mamonadas.
-Va a estar mucho rato ahí abajo?- le pregunté ronco y siútico
El lamedor seguía revolcando su lengua entre el clítoris y la pradera, y ella, con su preciosa cadera amasando sus nalgas contra los papeles inútiles del escritorio, fumando y ojeándome a ratos.
-buen provecho!- le dije parándome, vislumbre una botella de coñac a medio acabar a un costado de su culo. Caminé hasta ella con un galope tenue.
-me convidas un poco?-le pregunté y me respondió con una ceja alzada. Desenrosqué la tapa, le di un largo sorbo y volví a mi asiento. Mi indiferencia se aseguraba con cada acto ordinario, y ella bajaba la frecuencia de sus gemidos y lo detuvo.
-Vamos gorilón, penétrame, vamos quítate la ropa.
Se paró, se bajó la falda, se quitó la polera y los sostenes. Se quitó la ropa como si la hubiera estado quemando, sus senos rebotaban y noté que su calentura era otra grandiosísima actuación suya por los pezones enclenques que no llegaban a erectarse como los que yo besaba. Sentí cierto alivio con aquel detalle, que el que más estaba sufriendo ahí era ella y no yo como supuse cuando entré. Lo tenía planeado, sabía que iría a esa hora, que entraría por esa puerta y le preguntaría del por qué no me había querido vuelto a ver. Esa escena fue la mejor respuesta, y no como cualquier hombre miope lo intepretaría: su desesperación la llevó a cometer ese acto tan penoso. Es común ya que no sienta ningún sentido de pertenencia con las mujeres que he besado, a veces las dejo ser demasiado como para que se vuelen y me dejen sin siquiera un recado. Me he topado con especies como ésta, que me exigen poco menos que las someta a un régimen, que las rete, que les de más fuerte, que les grite, que les prohiba, una cópula desenfrenada , una cuchilla rajándolas hasta hacerlas chillar, un déspota, un violador, un padre que nunca tuvieron.

Para leer mientras van al baño o dan un paseo en micro (tómalo o déjalo): José Sbarra - Plástico Cruel

1 comentario:

JohAn... dijo...

hijo de puta no maaasss
bacilala toa en xuki
jajajajajajja
despues hablamos como simios ke somos
no entiendo nada!!!
cuidate barbon grotesco